miércoles, 10 de marzo de 2010

CAMOTAZO "UN CANTO EN REBELIÓN POPULAR" Jorge Venegas

CAPÍTULO 1: Por Chile... Por Chile... Por Chile...

CAPÍTULO 1: Por Chile… Por Chile… Por Chile…

http://www.wobook.com/WB8i7Fi1978v/CAMOTAZO.html

http://www.nuestrocanto.net/joo/index.php?option=com_content&view=article&id=396:camotazo-el-libro&catid=40:libro-libre

http://www.culturaenmovimiento.cl/fotos/2010/Libro%20CAMOTAZO%20-%20jORGE%20VENEGAS.pdf (LINK PARA BAJAR LIBRO)


Dedicado al rescate de la memoria histórica y clandestina del canto y las diferentes expresiones del arte popular anónimo, durante la dictadura pinochetista.

(Permitida su reproducción y difusión masiva, sin alterar su texto y autoría)

jotavenegas@gmail.com


Todo comenzó aquella mañana, cuando Alberto un compañero de la “Juventud Comunista”, más serio que de costumbre, me dijo tener una misión importante. Esta consistía en grabar un instructivo musical, cuyo contenido debía estar relacionado con los Comités de Autodefensa de Masas (CAM), un cancionero popular de autodefensa. Para este cometido debía tomar contacto con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, para profundizar mis conocimientos en la política Rebelión Popular de masas, y así llevar a cabo esta tarea. Después de meditarlo por unos instantes decidí aceptar. Mañana entonces, me dijo: tienes tu primer encuentro con un compañero del Frente, en la Peña Chile Ríe y Canta al mediodía. Me dio la información necesaria para reconocer al compañero, y mientras pensaba en lo que me había comprometido lo vi alejarse. Sus últimas palabras al despedirse me impactaron. “Compañero… de aquí en adelante yo no lo conozco, jamás lo he visto, y si alguna vez nos cruzamos por algún lugar no me salude, ya que pasará a formar parte de las filas de la clandestinidad.”

La verdad, no pensé en el riesgo en que me había embarcado; nuestra opción como cantores populares iba más allá de una mera estética artística; el canto popular reflejaba en nosotros un compromiso vital y un comportamiento ante la vida; éramos militantes que reaccionábamos ante la injusticia, por lo tanto, nuestro quehacer de ninguna forma debía estar divorciado del sindicato, la población, la universidad. El canto popular era parte de la olla común, la huelga de hambre, la barricada y por qué no decir, de las Milicias Rodriguistas y del Frente Patriótico; por lo tanto, éramos una expresión más de todas las formas de lucha.

Era una hermosa mañana de primavera, y aquel encuentro me había dejado en un estado diferente, taciturno y pensativo. El año 1987 había sido uno de los años más represivos de la dictadura, y llegaron a mi mente los recuerdos de aquel Festival Víctor Jara, realizado en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile en el mes de Junio. Junto con homenajear y recordar a Víctor, pensaba en la Operación Albania, ya que ésta matanza de los doce compañeros, había ocurrido al amanecer del día siguiente del festival. Dos de los Frentistas que murieron trágicamente aquella madrugada, habían estado entre el público cantando junto a nosotros.

En aquella oportunidad canté por primera vez “El Flaco Guerrillero”, una canción dedicada a los jóvenes combatientes. Ana María Miranda, “la generala”, cantó con la valentía de siempre, con el mismo ímpetu que lo hacía en los sindicatos, en las poblaciones y en las barricadas. También recuerdo a Ricardo García emocionado aquella noche. En la mitad del acto irrumpió el Frente tomándose el escenario, y mientras Raúl Acevedo “el Rulo” cantaba “Tras la senda de Manuel”, canción que había compuesto para esa oportunidad junto a Nano Tamayo, los compañeros lanzaron la proclama rebelde y combativa. El público enmudeció unos instantes, para luego estallar en gritos de simpatía. Todos nos levantamos de nuestros asientos, y gritábamos consignas recordando a los caídos. Los Milicianos y los Frentistas, eran jóvenes que gozaban del respeto de la gente, ya que habían decidido hacer frente a la dictadura con las armas, transformándose en el brazo armado del pueblo, exponiendo sus vidas.

Después del chequeo y contra chequeo (estrategia que debíamos utilizar cada vez que retornábamos a nuestros hogares, para no llegar con un CNI a cuestas), y así, no arriesgar a nuestras familias decidí retornar a casa. En la soledad de la noche, pensé en el punto de encuentro que tendría a la mañana siguiente con aquel compañero, iniciando una nueva vida clandestina en la cual todo iba a ser tan diferente a lo acostumbrado.

El Frentista llegó a la hora acordada, y yo lo esperaba impaciente. René Largo Farías daba vueltas entre las mesas de la Peña, mientras un número importante de parroquianos almorzaban. Nos sentamos, y después de intercambiar algunas palabras al presentarnos, me miró gravemente y agregó: -La tarea no será fácil, pasar de público a clandestino no es una buena estrategia, ya que podrías poner en riesgo a la organización; pero en fin, es realmente necesario instruir sobre cómo organizarnos en la creación de Comités de Autodefensa, y un caset con canciones que den cuenta de su importancia, valdrá la pena arriesgarnos. - Después de aconsejarme sobre la seguridad que debía tener para no arriesgar a los demás y ser muy puntual en futuras reuniones, lo vi alejarse.

Los Comités de Autodefensa consistían en la organización de los vecinos de cada sector, ya sea en una población, un sindicato o en el lugar de trabajo, aprender a defenderse ante una situación imprevista con el apoyo de los demás. Algo así como una táctica. Si a medianoche irrumpían en tu hogar, para allanarte y detenerte junto a tu familia, al estar organizado junto a tus vecinos, empleando alguna estrategia para dar el alerta a los demás de lo que sucedía, todos podrían salir en tu auxilio. En otros términos, defendernos organizadamente cuadra a cuadra en nuestras poblaciones contra el agresor fascista. Muchas poblaciones amanecían rodeadas por militares dispuestos a aterrorizar y detener a sus pobladores, por lo tanto había que emplear todas las formas de lucha, y enfrentar al enemigo. Valerosa era la autodefensa que empleaba el padre Pierre Dubois en la población La Victoria, tirándose literalmente bajo las ruedas de las tanquetas y vehículos militares, con el fin de impedir que estas entraran a la población.

Por aquel entonces me había cambiado de barrio, pues pensaba que vivir en Gran Avenida era muy peligroso para mi seguridad y la de mi familia, así que decidí vivir en la Villa Sur. Parece increíble mi decisión, la Villa Sur deslindaba con la población La Victoria, que cada mañana amanecía sitiada, pero aun así me sentía más cómodo y seguro.

Mi vida de cantor popular cambió del cielo a la tierra. Después de varias reuniones, en diferentes casas de seguridad, en las que se dejaba un pañuelo de un color determinado, colgado disimuladamente en la ventana, y según el color de éste, determinaba si era riesgoso reunirse aquel día, empezaba a aprender sobre la importancia de aquellos encuentros clandestinos, y lo necesario que era grabar ese instructivo musical que llevaría por nombre “Camotazo”.

El negro Óscar fue el primero en sentirse entusiasmado con la idea, aun más, me dijo: - Ya tenemos una canción muy buena de barricadas, y estamos montando otra con el Grupo Transporte Urbano, que habla sobre un muchacho parado detrás de un poste con la matraca en la mano, dispuesto a cuidar su población. - Me sonreí y le dije: -Creo que vamos a hacer historia, compañero - a lo que él respondió: - Será como la guitarra armada de los nicaragüenses -. Allí, una vez más, comenzamos a soñar con el canto comprometido, el canto con sentido, que tantas veces hablara Víctor y Violeta.

Era extraño lo que me sucedía, a veces era una persona clandestina y en otras ocasiones era una persona pública que seguía su vida normal de cantor popular. Bueno… una vida normal entre comillas, los cantores populares durante la dictadura nunca tuvimos una vida normal.

Recuerdo una tarde, cuando el Rulo cantaba en un sindicato en el paradero 23 de Santa Rosa (actividad que se hacía para juntar fondos y ayudar a unos compañeros que estaban siendo perseguidos por los organismos de seguridad), mientras cantaba su canción favorita, esa que habla de la María y el Manuel, le comenté al Pato que estaba a mi lado: - algo extraño le pasa, fíjate cómo se balancea cuando canta; - en ese momento me levanto, corro hacia él justo en el instante que se va desplomando inconsciente sobre el escenario. De más está decir que ahí se acabó la actuación de ese día. Con la ayuda de unos compañeros, llevamos el cuerpo inerte y lo pusimos en el suelo del patio, improvisamos una almohada bajo su cabeza, cuando en ese momento empezó a despertar. Estaba más pálido que una momia y su mirada extraviada no lograba comprender qué sucedía. En ese momento el Pato Valdivia tuvo una de esas salidas magistrales, lo miró y le murmuró al oído en forma disimulada, “sigue así no más, no te levantes todavía”. Luego, miró gravemente a los compañeros y les dijo: - el Rulo está en este estado, ya que no ha comido en días. Los compañeros no podían creer lo que oían, así que rápidamente trajeron unos emparedados y leche para nosotros. Cuando salimos del recinto, lo abrazamos por tan brillante idea, ya que en realidad nos alimentábamos muy mal, y ese día terminamos la jornada con nuestras pancitas llenas.

En corto tiempo ya éramos un equipo, haciendo canciones destinadas a cumplir tan importante propósito. Todos los miércoles nos reuníamos con el flaco del Frente, en el subterráneo de la galería Gran Palace, donde trabajaba el pelado Edgar pintando los afiches de las películas de moda. El lugar era apropiado, ya que nuestras ideas y nuestra inspiración, conspiraban junto al sonido de la película que exhibía el cine. El Flaco era un joven de sonrisa fácil y amistosa, que gozaba junto a nuestras descabelladas ideas, haciendo siempre hincapié en la compartimentación. Compañeros, nos decía: Para lograr nuestro propósito, es muy importante tener en cuenta que esta misión no debe salir de aquí; tenemos que mantenerla en secreto, trabajar duro, pero en secreto; nadie más debe saber lo que estamos planificando, es la única manera para lograr nuestro objetivo final.

Cuando salimos de aquel lugar, lo hicimos en grupos de dos para pasar inadvertidos. El Paseo Huérfanos daba la impresión que todo giraba con una naturalidad aparente, los transeúntes caminaban despreocupados y los vendedores ambulantes ofrecían sus mercancías, mientras nosotros nos dirigimos resueltos confundiéndonos entre la gente. El tiempo de crear y componer las canciones que irían a conformar el caset, ya estaba resuelto; sólo nos quedaba fijar la fecha de la grabación, ya que el estudio lo elegimos de común acuerdo. El Círculo Cuadrado era el más confiable, conocíamos a los integrantes, ya que allí habíamos grabado nuestras obras más comprometidas, sin importarnos que estaba ubicado a tres cuadras del tenebroso Diego Portales, edificio que había sido ocupado por los militares para planear y dirigir las operaciones más siniestras en contra de los derechos humanos. En el año 1986 habíamos grabado un caset con canciones dedicadas al Paro Nacional, junto a un grupo representativo de artistas populares chilenos, por el Movimiento Democrático Popular (MDP), organización política que durante los 80s agrupó al ala más radical de la lucha contra la dictadura, compuesta por el MIR, el Partido Comunista y el Partido Socialista (fracción Almeyda). Este documento musical tuvo la función de convocar al pueblo chileno a las jornadas de paros y protestas para el 2 y 3 de Julio; una especie de ensayo de lo que podría ser una sublevación nacional. “El pueblo se hizo lucha, cantemos juntos chilenos, para vencer hoy, ahora”, fue uno de sus textos. El 3 de julio, aquella jornada tuvo un triste desenlace. Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas, jóvenes que participaban junto a un centenar de personas, fueron acorralados por un grupo de militares en el sector de Estación Central, en la calle General Velásquez. Luego de cercarlos y arrojarlos al suelo a golpes de patadas y culatazos, procedieron a quemarlos vivos, rociando su cuerpo con gasolina. Carmen Gloria tuvo una milagrosa recuperación con los años, a pesar de las quemaduras que invadían todo su cuerpo. No igual suerte corrió Rodrigo Rojas, quien murió instantes después.

Un día me encontraba en la Peña Chile Ríe y Canta, cuando René Largo, sobándose las manos me dijo, con su tono de voz tan clásico, tan especial (esto lo podrán corroborar aquellos que lo conocieron): - Usted sabrá que estamos de aniversario en la Peña, y me gustaría que grabe para esta ocasión esa canción tan sentida que usted compuso en honor a esa chica estudiante de la Universidad de Chile, llamada Tatiana Fariña, y que estos carajos asesinos le quitaron la vida. -Es un honor para mí, contesté.-

Tatiana Fariña había sido asesinada cruelmente de un bombazo en la Municipalidad de Lo Prado, para después acusarla de estar manipulando explosivos. Una mentira más para involucrar a su favor, a tantos jóvenes caídos, luchadores incansables de la libertad.

Don René había sido una persona muy importante en las comunicaciones, durante el gobierno del Presidente Salvador Allende. Después tuvo que exiliarse en Méjico, y un día no aguantó más y decidió regresar a Chile para incorporarse a la resistencia. Nunca olvidaré la primera vez que lo vi en una protesta de Santiago; me lo presentó Nano Acevedo, y aquella tarde salimos los tres. Don René era un hombre corpulento, muy arriesgado, y ante la injusticia perdía la compostura de hombre tranquilo que era.

Recuerdo que pasamos delante de un micro de pacos, el cual estaba lleno de manifestantes detenidos, y él enfurecido llamó al oficial a cargo y le dijo: - Soy René Largo Farías, y exijo a usted baje inmediatamente a los recluidos. - Al recibir la negativa del oficial, trató por la fuerza subir para bajarlos, y mientras luchaba con él que trataba de zafarse de don René, nosotros en ese momento lo tomamos de un brazo, y con fuerza tiramos de él para alejarlo de aquel lugar. Luego, cuando estuvo más calmado, le dijimos que tenía que velar por su seguridad, ya que para nosotros era más importante tenerlo vivo y no muerto. En ese momento muchas personas corrían para no ser apresadas por la policía, las bombas lacrimógenas dificultaban cada vez más la visibilidad y ya casi era imposible respirar. El carro lanza agua apareció de improviso por la calle Catedral, y tuvimos que emprender la huida hacia la Plaza de Armas, en la cual perdimos a don René, quien cortó por una calle opuesta a nosotros.

Éramos un grupo de unas treinta personas corriendo, cuando en una esquina me pareció ver la figura de Chaguito, poeta popular poblacional (ese era su nombre artístico). Cuando estaba a unos cuarenta metros de él, todavía lo veía difuso producto de la humareda de las bombas; estaba con un libro entre sus manos, recitando un poema y gesticulando con su brazo; cuando estuve a escasos metros, desapareció entre la multitud. La vista me debe estar jugando una mala pasada, pensé, o tal vez sólo fue producto de mi imaginación, pero aun así continué buscándolo por todos los vericuetos de la ciudad; ya no me importaban las bombas, ser apresado, ya nada me importaba, sólo quería encontrarlo y abrazarlo.

- Por Chile…Por Chile...Por Chile - … Así comenzaba su poema preferido, y lo recitaba cada vez que había un acto solidario en una capilla, en un sindicato, o donde fuera.”Mi nombre es Chago, poeta popular poblacional”, siempre lo decía antes de leer sus poemas, y mientras lo hacía reflejaba en mí la pureza y la simpleza del hombre sencillo. Chaguito era un verdadero poeta y yo lo admiraba.

La ciudad comenzó a verse desnuda, las sirenas se sentían sólo a lo lejos, y yo caminaba sigiloso entre las murallas de la libertad, aquellas que enarbolaban la bandera de la utopía, de tantos que soñábamos con un mundo mejor; ellas eran nuestras, representaban nuestros sentimientos, nuestra rabia, o más bien dicho nuestra bronca; todo lo que sentíamos lo escribíamos en ellas; las murallas eran nuestro baluarte, nuestra esperanza día a día.

Mientras caminaba me topé con unos papeles tirados en la calle. “Nuestros derechos humanos jamás serán pisoteados”, decían algunos; “Pan, Justicia y Libertad”, decían otros. En fin, seguí deambulando por las calles rumbo a mi hogar, y pensaba en lo que me había pasado. ¿Cómo pude imaginar haber visto a Chaguito?, o más bien el fantasma de Chago. Él, había muerto hace ya varios años en una extraña circunstancia… iba rumbo a su hogar, y una camioneta subió a la vereda arrollándolo por la espalda, y del que lo atropelló nunca se supo. Todos aseguramos que había sido intencional. ¿Quién pudo haber pensado que el poeta era peligroso?, ¿su mensaje poético le hacía daño a la dictadura? creo que sí…definitivamente…

Voy llegando a casa, todavía quedan restos de barricadas en mi población. Mañana viajaré a Valparaíso, a un acto solidario que preparan unos compañeros universitarios en huelga. Será una jornada más, de tantas otras preparadas por el mismo fin; terminar de una vez con esta oscura pesadilla que ha dejado tantas víctimas a su paso.

Ayer escuché la noticia de un cadáver que apareció a orillas de una playa en Santo Domingo, y que al parecer, dicen, se trata de un dirigente estudiantil. Es de apellido Martínez…

martes, 9 de marzo de 2010

Jorge Venegas

Cantautor, documentalista, e investigador cultural. Formó parte del Canto Nuevo durante

los años 80, como integrante del Grupo Semilla, participando en aquella época en la

Peña Doña Javiera. A partir del año 1985 continua su carrera musical Como solista,

Realizando sus actividades principalmente en Sindicatos, Universidades, Poblaciones,

Organizaciones sociales y Derechos Humanos. En 1988 dirige un proyecto musical

Denominado CAMOTAZO, el cual está compuesto por canciones dedicadas a los Comités

De Autodefensa en la Política de Rebelión Popular de Masas, participando junto a otros artistas

Como: Transporte Urbano, Ana María Miranda, Raúl Acevedo, Jano Jara, Patricio Valdivia entre otros.

En el año 1989 es invitado a Corea del Norte al Festival Mundial de la Juventud.

Entre sus canciones más conocidas, está El Flaco Guerrillero, Tatiana en el Viento,

Maestro de Primaveras, Hombre de Arcilla etc. En la actualidad como documentalista,

Está dedicado al rescate de la identidad, y pertenencia cultural del Litoral de Los Poetas.

Discos

Peña Doña Javiera 1980 Sello Alerce Obra Colectiva

Hombre de Arcilla “SEMILLA” 1981 Sello Alerce

El Flaco 1988.

Camotazo nº 1 1988 Obra Colectiva

MDP Canciones al Paro 1985 Obra Colectiva

Leyenda Costera 2000.

El Poeta y el Mar 2003.

Nuestra Identidad 2007

Que la Memoria Nunca Muera 2009

Documentales.

Lo Abarca en el Archivo de la Memoria 2002.

Leyendas Costeras 2001

4 Pasajes de Nuestra Historia en la Provincia de San Antonio 2007.

Libro.

CAMOTAZO Un canto en Rebelión Popular. 2009. (Autobiográfico.)

viernes, 5 de marzo de 2010

CAMOTAZO "Un Canto en Rebelión Popular"

Al Sur de la Miseria, en una población de Santiago-Chile (1988)